☀️ ACEQUIAS EN JULIO
Un paseo entre el calor de la tarde, los huertos, los olivares y la memoria del agua
✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma
Hay pueblos que en verano parecen detener el tiempo.
El sol permanece suspendido sobre los tejados, las calles se vacían durante las horas más duras y el campo adopta una extensa gama de amarillos, ocres y verdes apagados. Sin embargo, basta caminar despacio para descubrir que la vida continúa: en los huertos regados, en los frutales cargados, en las flores que trepan por las fachadas y en el agua que todavía busca su camino entre acequias, fuentes y antiguos molinos.
Así se mostraba Acequias, uno de los pueblos del municipio granadino de Lecrín, durante la tarde del 20 de julio de 2026. 📷🌿
El paseo comenzó cuando el día avanzaba hacia sus últimas horas, pero el calor seguía siendo intenso. A las siete de la tarde, y también después de las ocho, las paredes, los caminos y la tierra conservaban toda la temperatura acumulada durante la jornada. El sol descendía lentamente, aunque todavía dominaba el paisaje con una luz blanca y poderosa.
Acequias se encontraba en pleno verano.
🌡️ UN CALOR QUE NO TERMINABA DE MARCHARSE
Julio se sentía en cada rincón.
En las hierbas completamente secas de las laderas.
En el color dorado de los bancales.
En el polvo de los caminos.
En las sombras breves de los árboles.
Y también en el silencio de unas calles donde apenas se veía movimiento durante las horas de mayor calor.
La tarde avanzaba, pero el ambiente seguía siendo sofocante. No corría apenas aire y la luz envolvía el pueblo en una ligera neblina que difuminaba las montañas del horizonte.
Era ese calor persistente tan propio del verano en el Valle de Lecrín, cuando el sol se oculta tarde y la tierra necesita varias horas para comenzar a refrescarse. ☀️
Las casas parecían cerrarse para proteger sus interiores. Las persianas permanecían bajadas, las puertas resguardadas y los patios buscaban la sombra de árboles, parras y trepadoras.
Acequias no estaba dormida. Simplemente seguía el ritmo antiguo de los pueblos mediterráneos: refugiarse durante el calor y recuperar la calle cuando llega la noche.
🏡 ACEQUIAS, UN PUEBLO INTEGRADO EN EL CAMPO
Desde la entrada, las grandes letras blancas con el nombre de ACEQUIAS anuncian la llegada a una localidad estrechamente vinculada a su paisaje agrícola.
Aquí no existe una separación brusca entre el pueblo y el campo.
Las últimas casas se abren hacia pequeñas parcelas, corrales, jardines, huertos y olivares. Los caminos atraviesan las laderas y descienden hacia terrenos cultivados. Los árboles frutales crecen junto a las viviendas y, en algunos casos, ocupan casi por completo los patios.
Acequias parece surgir directamente de la tierra.
Las casas se distribuyen sobre desniveles, calles inclinadas y pequeñas terrazas adaptadas a la orografía. Muros de piedra, tapias antiguas, fachadas encaladas y tejados de teja recuerdan que el pueblo fue creciendo de acuerdo con las necesidades del terreno, y no siguiendo una cuadrícula impuesta.
Caminar por Acequias es subir, bajar, girar y volver a encontrar el paisaje entre dos casas. 🚶♂️🌄
🌺 FLORES CONTRA EL CALOR
Uno de los contrastes más hermosos del paseo aparecía en las viviendas.
Frente a la sequedad de los campos, algunos jardines conservaban una vegetación exuberante. Grandes buganvillas de color rojo cubrían balcones y barandillas. Los geranios llenaban macetas, escaleras y pequeños patios. Árboles y plantas ornamentales ofrecían sombra y frescor junto a las entradas.
En una casa, varias esculturas —un león y pequeños personajes decorativos— custodiaban el acceso entre plantas de grandes hojas y flores intensamente coloreadas. En otra, un patio cuidadosamente atendido reunía macetas, geranios, pequeños adornos, una mesa y un limonero cargado.
Son rincones domésticos que forman parte del paisaje común.
En los pueblos, la belleza no siempre se encuentra en los grandes edificios. Muchas veces nace de una maceta colocada junto a una puerta, de una parra extendida sobre una estructura o de una trepadora que, con el paso de los años, acaba cubriendo por completo una fachada.
Mantener estos jardines durante julio requiere paciencia y dedicación. Cada planta necesita agua, sombra y cuidados constantes. Por eso, cada balcón florido es también una pequeña victoria frente al verano. 🌸🪴
🍋 MEMBRILLOS, LIMONEROS, HIGUERAS Y PARRAS
La vegetación de Acequias no es únicamente ornamental.
En los patios y huertos aparecen limoneros, higueras, parras, olivos y membrilleros. En una de las fotografías, dos membrillos cuelgan todavía cubiertos por esa fina pelusa que protege el fruto antes de su maduración.
En otra vivienda, un limonero crece junto a una pared blanca, mientras los frutos maduros caídos se acumulan alrededor de su tronco. Cerca de él, una vieja parra conserva la estructura preparada para extender sus sarmientos.
Estas imágenes hablan de una cultura doméstica profundamente arraigada.
Los árboles no se plantaban únicamente para decorar. Proporcionaban fruta, sombra, madera, hojas, alimento para los animales y un pequeño alivio frente a las altas temperaturas.
Cada patio se convertía así en una prolongación de la despensa familiar.
Y aunque muchas costumbres hayan cambiado, Acequias todavía conserva esos espacios en los que la vivienda y el cultivo se encuentran casi sin transición. 🍇🍋
🌱 LOS HUERTOS QUE PERMANECEN VERDES
Uno de los aspectos más llamativos del recorrido fue el contraste entre las laderas secas y los huertos que conservaban un intenso color verde.
Entre olivares y árboles frutales aparecían pequeñas parcelas trabajadas, con surcos recién preparados, plantas alineadas y estructuras sencillas construidas con cañas o ramas para sostener los cultivos.
Mientras el monte mostraba el tono dorado del verano, los bancales regados continuaban produciendo.
Ese verde no era casual.
Era el resultado del agua conducida cuidadosamente, del riego realizado a las horas adecuadas y del trabajo constante de quienes todavía mantienen los huertos. En un lugar llamado Acequias, el agua no puede entenderse como un elemento secundario. Forma parte de su identidad histórica, de su paisaje y de su propia manera de organizar el territorio. 💧
Los huertos son también una memoria viva.
Hablan de generaciones que aprendieron a aprovechar cada desnivel, a retener la tierra con muros, a conducir el agua y a cultivar pequeñas superficies que, vistas desde lejos, podrían parecer insignificantes.
🫒 EL PAISAJE DE LOS OLIVOS
Alrededor del pueblo se extiende un verdadero mar de olivos.
Sus copas plateadas ocupan las vaguadas y las terrazas agrícolas, dibujando líneas sobre las laderas. Algunos árboles aparecen alineados con regularidad; otros conservan una distribución más antigua y se mezclan con higueras, almendros, álamos y pequeños huertos.
El olivar es una de las grandes constantes del paisaje de Acequias.
En julio, mientras la hierba de los suelos se seca, las hojas de los olivos mantienen su resistencia. Su verde grisáceo contrasta con el amarillo del terreno y con la intensidad luminosa del cielo.
No es un paisaje salvaje, aunque a veces pueda parecerlo.
Detrás de cada bancal existe trabajo humano: poda, limpieza, riego, recolección y mantenimiento de los caminos. Los olivares que rodean Acequias son el resultado de siglos de adaptación a una geografía compleja.
En las fotografías se aprecia con claridad cómo los cultivos descienden hacia el fondo del barranco y ascienden por las laderas allí donde el terreno lo permite. 🌿🫒
⛰️ EL BARRANCO, LAS LADERAS Y LAS MONTAÑAS
Acequias se encuentra en un paisaje de fuertes contrastes.
Desde los caminos altos se contemplan profundas vaguadas ocupadas por olivares y huertos. Frente a ellas se levantan grandes paredes de terreno erosionado, cortadas casi verticalmente, que muestran las diferentes capas de la tierra.
Más allá aparecen las montañas, ásperas y rocosas, iluminadas por el sol de la tarde.
La vista es amplia y poderosa.
El pueblo parece pequeño ante la magnitud del relieve, pero se integra perfectamente en él. Las casas, los caminos y los cultivos se acomodan a las curvas del terreno y aprovechan los espacios donde la pendiente concede un descanso.
En algunas fotografías, la vegetación de primer plano enmarca las montañas y el caserío distante. En otras, el paisaje se abre por completo y permite comprender la posición de Acequias dentro del Valle de Lecrín.
La luz de julio endurece las formas, resalta los barrancos y convierte las hierbas secas en una inmensa superficie dorada. 🌄
⛪ LA IGLESIA DE SAN ANTÓN, REFERENCIA DEL PUEBLO
Entre los olivares y las viviendas aparece la iglesia de San Antón.
Su torre, sencilla y reconocible, se eleva sobre los tejados y actúa como punto de referencia dentro del caserío. Desde distintos lugares del entorno puede verse su silueta, a veces recortada contra el cielo y otras rodeada por el verde de los árboles.
En los pueblos pequeños, la iglesia forma parte de la orientación cotidiana.
Sus campanas marcaron durante generaciones las celebraciones, los entierros, las festividades y el transcurso ordinario de los días. El edificio no es solamente un espacio religioso: también es memoria comunitaria, paisaje e identidad.
Vista desde los campos, la torre de San Antón parece surgir entre los olivos, recordando la antigua unión entre el núcleo habitado y las tierras cultivadas. 🔔
🧱 CALLES, MUROS Y ARQUITECTURAS TRADICIONALES
El recorrido por Acequias descubre calles estrechas, pendientes pronunciadas y pavimentos adaptados al desnivel.
Algunos callejones conservan muros de piedra y franjas centrales empedradas. Las flores trepadoras se asoman sobre ellos, creando composiciones de gran belleza. En una de las calles, las flores anaranjadas atraviesan visualmente el camino y enmarcan una antigua construcción rural situada al fondo.
En otros rincones aparecen casas de piedra vista, fachadas modestas, tejados tradicionales y muros cubiertos por plantas.
No se trata de una arquitectura monumental.
Su valor reside precisamente en lo cotidiano: en haber sido construida para vivir, guardar cosechas, albergar animales, almacenar herramientas o protegerse del frío y del calor.
Estas edificaciones explican mejor la historia rural de Acequias que cualquier construcción aislada. Son el escenario donde transcurrieron generaciones de vida campesina. 🏠
⚙️ EL MOLINO DEL SEVILLANO Y LA MEMORIA DEL AGUA
Uno de los lugares más significativos del recorrido es el Molino del Sevillano.
Su fachada de piedra y ladrillo, su gran puerta de madera y la piedra de molino conservada junto al edificio recuerdan una actividad esencial en la economía tradicional.
Pero quizá el detalle más expresivo sea el agua.
Junto al molino continúa brotando, descendiendo entre la vegetación y las piedras. Ese pequeño caudal devuelve al lugar parte de su antiguo sentido. Los molinos necesitaban agua conducida con precisión y suficiente desnivel para mover sus mecanismos.
El Molino del Sevillano no debe contemplarse únicamente como una construcción antigua.
Es una pieza de un sistema territorial mucho más amplio, formado por acequias, repartos de agua, huertos, albercas, molinos y caminos. Todo estaba relacionado.
Acequias lleva el agua hasta en su nombre, y en este rincón esa identidad se hace visible. 💦⚙️
⛲ UNA SOMBRA BAJO LA PÉRGOLA
Durante una tarde tan calurosa, cualquier espacio sombreado adquiere un valor especial.
En una pequeña plaza, una estructura cubierta por una espesa trepadora crea un refugio verde. Bajo ella se encuentran bancos y una fuente, protegidos por un techo natural de ramas y hojas.
La diferencia con el exterior es inmediata.
La sombra, aunque no elimine por completo el calor, suaviza la luz y crea un lugar donde detenerse. Es fácil imaginar a los vecinos conversando allí en otras horas, cuando la temperatura permite recuperar la vida de la calle.
Estos espacios modestos cumplen una función esencial en los pueblos.
No necesitan grandes dimensiones. Basta una fuente, unos bancos y una buena sombra para crear un lugar de encuentro. 🌳⛲
🛝 PEQUEÑOS ESPACIOS PARA LA VIDA COMUNITARIA
En las afueras aparece también una zona recreativa integrada entre árboles y vegetación.
Un pequeño tobogán, aparatos de ejercicio y bancos forman un espacio pensado para el descanso y la actividad al aire libre. Durante la tarde del 20 de julio permanecía prácticamente vacío, algo comprensible por el calor.
Sin embargo, cuando baja la temperatura, estos lugares recuperan su función.
Los niños juegan, los mayores caminan, los vecinos conversan y el pueblo vuelve a encontrarse fuera de las casas.
En las comunidades pequeñas, cada rincón compartido posee importancia. Una plaza, una sombra, una fuente o un parque pueden convertirse en lugares fundamentales para mantener la convivencia.
🌬️ TRADICIÓN Y PAISAJE CONTEMPORÁNEO
En el horizonte aparecen también varios aerogeneradores.
Sus grandes siluetas se levantan sobre las elevaciones, visibles desde los olivares y desde distintos puntos del pueblo. La imagen ofrece un contraste evidente entre el paisaje agrícola tradicional y las infraestructuras contemporáneas.
En primer plano se encuentran los olivos, los bancales y las pequeñas parcelas.
Al fondo, las laderas transformadas y las torres eólicas.
Es una imagen del territorio actual: un lugar donde conviven elementos heredados durante siglos con nuevas formas de explotación y producción energética.
Acequias permanece en medio de esos cambios, conservando su escala humana y su estrecha relación con la agricultura.
🌅 CUANDO LA TARDE EMPIEZA A SUAVIZARSE
Poco a poco, la luz fue perdiendo dureza.
El sol seguía alto y el calor no desaparecía, pero las sombras comenzaban a alargarse. Las montañas se volvían más azuladas y la calima suavizaba los perfiles del horizonte.
Era el momento en que las flores recuperaban intensidad, las fachadas dejaban de reflejar directamente el sol y los caminos comenzaban a ofrecer algunos tramos de sombra.
Acequias parecía prepararse para la noche.
No había grandes acontecimientos ni agitación. Solo el transcurso pausado de una tarde de verano, el silencio de los campos y el lento descenso del sol sobre el Valle de Lecrín.
💚 ACEQUIAS EN JULIO
Acequias en julio es una tierra de contrastes.
Es el amarillo de las hierbas secas y el verde de los huertos regados.
Es la dureza del sol y la sombra fresca de una pérgola.
Es el silencio de las calles y el agua que continúa brotando junto al molino.
Es una iglesia entre olivares.
Es un membrillo que madura lentamente.
Es una buganvilla que se desborda sobre un balcón.
Es un viejo muro de piedra cubierto por plantas.
Es una acequia que sigue llevando vida hacia los cultivos.
Las fotografías tomadas el 20 de julio de 2026 no recogen una celebración ni un acontecimiento extraordinario. Recogen algo más íntimo: la manera en que un pequeño pueblo del Valle de Lecrín atraviesa el verano.
Con calor.
Con paciencia.
Con sus campos dorados.
Con sus huertos todavía verdes.
Y con esa belleza tranquila que solo se descubre cuando se camina sin prisa y se mira con atención. ☀️🌿📷
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