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| San Roque de Cónchar |
🙏 San Roque vuelve a recorrer Cónchar entre fe, música y tradición
🎶 El patrón y la Santísima Virgen recorrieron las calles del pueblo acompañados por la Banda de Música El Carmen de Dúrcal
El pasado domingo 16 de agosto de 2026 tuve la oportunidad de acompañar en Cónchar una de esas celebraciones que ayudan a comprender hasta qué punto las fiestas de nuestros pueblos siguen siendo también memoria, encuentro y continuidad: la procesión de San Roque y de la Santísima Virgen, uno de los actos centrales de las fiestas que Cónchar dedica a su patrón.
No fue solamente contemplar dos imágenes recorriendo unas calles. Fue ver a un pueblo acompañándolas, a distintas generaciones compartiendo el mismo recorrido y a la música entrando por callejones donde apenas parece haber espacio para que pase toda la comitiva.
La propia Archidiócesis de Granada se refiere a Cónchar como una localidad especialmente vinculada a sus fiestas patronales en honor de San Roque, una devoción que continúa ocupando un lugar fundamental dentro de la vida del pueblo.
📿 El rosario antes de salir a las calles
La procesión estaba prevista para las 21:00 horas, y aproximadamente media hora antes me encontraba ya dentro de la iglesia parroquial de San Pedro, donde se rezó el santo rosario dirigido por el párroco, D. Felipe Aguilera Vallejo.
Fue el comienzo recogido de una noche que después llenaría las calles de música.
El templo estaba muy concurrido. Desde la parte posterior pude apreciar la nave prácticamente ocupada por vecinos y visitantes, mientras en el presbiterio aguardaban las imágenes que poco después saldrían a Cónchar.
También merece la pena detenerse en el lugar desde donde comienza y termina esta tradición. La iglesia de San Pedro de Cónchar es un valioso edificio histórico: la nueva iglesia fue trazada por Ambrosio de Vico en 1610 y las obras concluyeron en 1614, levantándose en ladrillo y mampostería y conservando una de esas fisonomías tan características de los templos rurales históricos de la comarca.
Desde aquella iglesia cuatro veces centenaria iba a salir de nuevo San Roque.
🐕 San Roque: de la riqueza heredada a la herencia de la santidad
Antes incluso de comenzar la procesión me fijé detenidamente en la imagen.
El San Roque de Cónchar responde perfectamente a la iconografía que durante siglos ha permitido reconocer inmediatamente al santo: sombrero de peregrino, bordón, calabaza, túnica, manto y la pierna descubierta mostrando la llaga. Junto a él aparece inevitablemente el perro, inseparable de su representación tradicional.
Es una iconografía cargada de significado. San Roque fue venerado especialmente como protector frente a la peste y las enfermedades contagiosas. La tradición cuenta que, mientras atendía a enfermos durante su peregrinación, él mismo enfermó y se retiró para no contagiar a otros. Entonces un perro comenzó a llevarle pan y terminó conduciendo hasta él a quien habría de auxiliarlo. De ahí nacieron algunos de los atributos que todavía hoy lo identifican: el peregrino, la llaga y el perro con el pan. Instituciones como el Metropolitan Museum of Art y el Getty recogen precisamente estos elementos como característicos de su iconografía histórica.
Conviene señalar que las fechas exactas de su nacimiento y muerte y algunos episodios de sus últimos años varían según las diferentes tradiciones hagiográficas. Más que detenerme en una cronología discutida, me quedo con aquello que explica la enorme fuerza de su devoción: un hombre que, según la tradición cristiana, dejó la seguridad de sus bienes para seguir a Cristo y encontró su camino sirviendo precisamente a quienes más sufrían.
De alguna manera, podría resumirse su vida con una frase:
De la riqueza heredada a la herencia de la santidad.
Y aquella imagen adquiría un significado aún mayor al verla salir nuevamente hacia las casas y las gentes de Cónchar.
🚪 La salida de San Roque
Terminados los preparativos, llegó uno de los momentos más esperados.
Vi aparecer a San Roque por la puerta de la iglesia de San Pedro, sobre un paso de madera ornamentado con vegetación y flores claras y rodeado de faroles que poco a poco iban adquiriendo mayor protagonismo conforme desaparecía la luz del día.
La salida requiere atención. Los pasos se desplazan mediante una estructura con ruedas y son conducidos manualmente. En el entorno de la iglesia hay escalones y una rampa lateral, por lo que pude contemplar de cerca cómo varias personas colaboraban para dirigirlos con precisión, frenándolos, empujándolos y corrigiendo su posición.
No es una procesión en la que el recorrido permita despreocuparse del espacio. Todo lo contrario.
Una de las características que más me impresionó fue comprobar cómo San Roque parecía llenar por completo algunas de las calles por las que avanzaba.
👨👩👦 Un niño delante de San Roque
Y entre todos los detalles hubo uno especialmente humano.
Durante parte del recorrido vi a un niño pequeño vestido de claro caminando inmediatamente delante del paso de San Roque, acompañado por sus padres.
Iba entre ellos, cogido de sus manos, mientras detrás se acercaba lentamente el enorme paso iluminado del patrón.
La escena me pareció especialmente significativa. Delante, un niño que empieza a vivir las fiestas de su pueblo; detrás, una tradición transmitida durante generaciones.
No hacía falta organizar ninguna escena para simbolizar la continuidad de una costumbre. Estaba allí, ocurriendo espontáneamente delante de mí.
También pude apreciar otro niño delante del paso de la Santísima Virgen, acompañado igualmente por los mayores. Los pequeños no eran meros espectadores apartados de la celebración: estaban integrados en ella.
👑 La Reina y las Damas de las Fiestas
Detrás de San Roque marchaban la Reina y las Damas de las Fiestas.
Las vi acompañar al patrón durante el recorrido con sus bandas distintivas: la Reina con la banda en tonos rojo y amarillo y las Damas con las bandas verdes y blancas.
Su presencia incorporaba a la procesión otra de esas tradiciones propias de las fiestas patronales, mientras a ambos lados se sumaban vecinos de todas las edades.
La comitiva avanzaba de manera muy ordenada, sin perder el carácter popular. Algunas personas seguían desde el comienzo; otras aguardaban en determinados puntos, puertas o esquinas y se incorporaban después.
🏘️ San Roque entre las calles blancas de Cónchar
La procesión salió de la iglesia y recorrió principalmente la Plaza, la calle Alta y la calle Baja.
Y aquí estuvo, para mí, una de las mayores bellezas de la noche.
Cónchar conserva tramos de calles largas pero también lugares verdaderamente estrechos. Caminando detrás de la procesión pude ver cómo las fachadas blancas parecían acercarse a ambos lados del paso. Había balcones, ventanas enrejadas, macetas, cables que cruzaban de fachada a fachada, pequeñas banderas festivas suspendidas sobre la calle y los tradicionales faroles iluminando algunos rincones.
En ciertos puntos apenas quedaba espacio entre el paso y las paredes.
Eso obligaba a avanzar lentamente.
Los responsables de conducir a San Roque tenían que calcular giros y estrechamientos, mientras la gente se distribuía delante, detrás y junto a las fachadas.
A medida que anochecía, todo cambiaba.
Primero contemplé la silueta de San Roque contra el cielo todavía azul. Después, cuando cayó definitivamente la noche, fueron sus propios faroles los que comenzaron a modelar su figura. La luz cálida iluminaba las flores y la madera del paso y se reflejaba sobre las paredes encaladas.
En algunos callejones, desde cierta distancia, solamente veía una masa de luz avanzando lentamente entre las casas y, por encima de ella, la silueta del sombrero del peregrino.
Fue probablemente una de las imágenes que más me quedaron de aquella noche.
🏅 La medalla de San Roque
También observé que algunos participantes llevaban al cuello una medalla de San Roque, creada el pasado año por iniciativa del párroco D. Felipe Aguilera.
Me detuve después a contemplarla de cerca.
Se trata de una medalla ovalada, de ornamentación plateada y rematada en su parte superior por una pequeña corona, en cuyo centro aparece el rostro de San Roque con su característico sombrero de peregrino.
Es un objeto pequeño, pero expresa algo mucho mayor: permite que la imagen del patrón salga de la iglesia no solamente una noche al año, sino que pueda acompañar personalmente a quienes sienten esa devoción.
🌙 La Santísima Virgen tras San Roque
Tras el patrón avanzaba la Santísima Virgen, cuya presencia producía un contraste visual precioso con San Roque.
Su manto azul descendía ampliamente sobre la parte posterior y en la parte inferior destacaba la media luna. La imagen, coronada y vestida de blanco y azul, avanzaba sobre un paso revestido también en esos tonos y ornamentado con flores.
Detrás de la Virgen caminaba D. Felipe Aguilera Vallejo, revestido para la celebración, y tras él llegaba la música.
🎺 La Banda de Música El Carmen de Dúrcal
La Banda de Música El Carmen de Dúrcal, dirigida por Jorge Berrio Ruiz, volvió a acompañar a San Roque y a la Santísima Virgen por Cónchar. La propia Banda había anunciado su participación en las fiestas del 16 de agosto.
Me llamó especialmente la atención contemplar la composición de la Banda.
Junto a músicos veteranos había jóvenes y niños, especialmente visibles entre la percusión. Tambores, bombos, caja, instrumentos de viento-metal y viento-madera fueron introduciéndose detrás de la Virgen y ocupando las calles conforme avanzaba la procesión.
En esos callejones estrechos la música adquiere una sonoridad distinta. No se dispersa: las paredes parecen recogerla y devolverla.
Bajo la dirección de Jorge Berrio Ruiz, durante el recorrido pude escuchar un repertorio de marchas procesionales muy conocido y apropiado para la ocasión:
“Macarena”, de Abel Moreno; “Costalero”, de Martín Salas Martínez; “Madrugá Macarena”, de Pablo Ojeda Jiménez; “Nuestro Padre Jesús”, de Emilio Cebrián; “Jerusalén”, de José Vélez García, y “Aniversario Macareno”, de José Velázquez Sánchez. La autoría de estas conocidas composiciones está documentada en repertorios y fuentes musicales.
La Banda no era un simple añadido al cortejo. La música marcaba su respiración: avance, parada, nueva marcha y de nuevo el movimiento pausado de los pasos.
🤝 Un pueblo caminando junto a sus imágenes
Mientras recorría las calles observé también algo que define bastante bien este tipo de procesiones rurales.
No existe una separación absoluta entre quienes participan y quienes contemplan.
Hay personas caminando en filas, otras junto a los pasos, niños que van de la mano, ancianos apoyados en sus bastones, familias completas y vecinos que esperan junto a sus casas.
Vi personas mayores haciendo el recorrido a su ritmo; niñas caminando cogidas de la mano; vecinos esperando junto a las paredes para dejar espacio al paso; jóvenes participando en la representación de las fiestas; músicos de distintas edades y personas colaborando físicamente para conducir los dos tronos.
La procesión era religiosa, pero también era una imagen del propio pueblo.
🎆 Una noche sin cohetes ni castillo
Hubo además una circunstancia singular este año.
A petición del pueblo de Cónchar se decidió suspender el lanzamiento de cohetes y el castillo de fuegos artificiales previsto en honor de San Roque para el domingo 16, decisión anunciada públicamente por el Ayuntamiento de Villamena.
Tradicionalmente la Hermandad de las Ánimas de Cónchar ha desempeñado un papel importante en las fiestas, entre cuyas funciones históricas se encuentran precisamente ocuparse de la música que acompaña al patrón en la misa y procesión y, cuando se celebra, del castillo de fuegos artificiales.
Esta vez no hubo ese estruendo final.
Y quizá por eso la música, las conversaciones y el propio sonido de la procesión recorriendo las calles adquirieron todavía mayor protagonismo.
🌃 El regreso a la plaza
Cuando la procesión volvió hacia la plaza, la noche estaba ya completamente cerrada.
Allí pude contemplar nuevamente juntas las dos imágenes.
San Roque aparecía rodeado por sus faroles encendidos y la Virgen destacaba con su gran manto azul bajo las luces de fiesta. Alrededor, numerosos vecinos esperaban el momento del encierro.
Todavía quedaba una última maniobra.
Los pasos debían volver a salvar el desnivel de acceso a la iglesia.
Vi entonces nuevamente ese trabajo que muchas veces queda en segundo plano: personas empujando desde atrás, otras controlando los laterales y quienes desde delante regulaban la entrada de aquellas grandes estructuras sobre ruedas.
San Roque emprendió la subida por la rampa.
Después llegó la Virgen.
Todo se hizo despacio, rodeados por los vecinos que aguardaban junto a la portada de ladrillo de San Pedro.
⛪ El último sonido dentro de San Pedro
Con las imágenes nuevamente en el interior, la iglesia volvió a llenarse.
Y todavía quedaba un último regalo musical.
Ya dentro del templo, la Banda de Música El Carmen interpretó “Encarnación Coronada”, de Abel Moreno, una conocida marcha procesional del compositor onubense.
Escucharla allí, después de haber recorrido las calles detrás de San Roque y de la Virgen, fue una forma especialmente solemne de cerrar la parte religiosa de la noche.
Pero la música no terminó con la procesión.
🎼 De las marchas a los pasodobles
De nuevo en la plaza, la Banda cambió completamente de registro.
Después de las marchas procesionales llegó el momento festivo y sonaron, entre otros, pasodobles tan conocidos como “Amparito Roca”, “Nerva”, “Chiclanera”, “Madrecita María del Carmen” y el inevitable “Paquito el Chocolatero”.
Era como si la misma banda marcara las dos caras de una misma fiesta: primero recogimiento y solemnidad; después encuentro, plaza y celebración.
❤️ San Roque sigue caminando por Cónchar
Cuando pienso en la procesión del 16 de agosto no me quedo solamente con una imagen.
Me acuerdo del rosario antes de salir.
De la iglesia llena.
Del niño caminando delante de San Roque cogido de la mano de sus padres.
De las Reina y Damas siguiendo al patrón.
De la Virgen avanzando con su manto azul.
De las medallas de San Roque colgadas al cuello de algunos vecinos.
De los músicos jóvenes mezclados con quienes llevan años en la Banda.
Del sonido de las marchas entre aquellas calles estrechas.
De los hombres y mujeres corrigiendo cuidadosamente la trayectoria de los pasos.
De las luces encendidas cuando el cielo pasó del azul al negro.
Y, sobre todo, de la gente.
Porque las tradiciones solamente permanecen vivas cuando alguien decide volver a caminar con ellas.
San Roque, según la antigua tradición que lo ha hecho reconocible durante siglos, abandonó la seguridad para acercarse al que sufría. Quizá sea esa una de las razones por las que su figura sobrevivió a las pestes medievales, a los cambios de los tiempos y a tantas generaciones.
El bordón recuerda que somos caminantes.
La llaga recuerda la fragilidad humana.
El perro con el pan recuerda que la ayuda puede llegar de donde menos la esperamos.
Y en Cónchar, cada 16 de agosto, esos símbolos vuelven a abandonar por unas horas la iglesia de San Pedro para mezclarse con las casas, las familias, los niños, los mayores y la música.
🙏 San Roque volvió a caminar por Cónchar. Y Cónchar volvió a caminar junto a San Roque.
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| La procesión saliendo de la iglesia |























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